viernes, 26 de marzo de 2010

* FÉLIX GRANDE, aquí para siempre...


¡Qué hermosos ojos tienes! Están llenos de vida. Me recuerdan a los ojos de la Paca cuando la conocí. Aquellos ojos repletos de alegría, de ilusión... Hermosísimos. Y me dije, esto me lo quedo para mí, esta alegría la quiero toda.
Gracias, Félix. Has visto en los míos los ojos de alguien tan grande como quien ha compartido 53 años de tu vida, que además es la gran poeta que aparece juguetona y sonriente por todos los resquicios de tu piel. Sin duda, un honor que no merezco. Suficiente para comprender que estás enamorado, poeta, cautivado de tu Paca, por supuesto, de Machado, desde luego, de las palabras que imprimen tatuajes de esperanza verde, blanca y verde andaluza, de flamencos con bigotes de pasión delirante, de aquellos que te veneramos, también... Estás enamorado, Félix, de la libertad, de los hombres, de las almas, de la tierra, de tu guitarra. Poeta, regresa, necesito que me digas que perder la dignidad es más grave que el miedo o el hambre. "Lo sé bien, por experiencia".
Mis niños, mis alumnos y también yo hemos aprendido hoy la más seductora lección en mucho tiempo, difícil de olvidar: el embaucador cautiverio de tus palabras sumido en un enjambre de voz dulce y melosa que ha quedado prendido en nuestra esencia para siempre.
Gracias, poeta.

Hasta siempre, GRANDE...

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