martes, 6 de julio de 2010

* LA ALACENA DE MI INFANCIA


Anoche soñé que Neruda se había marchado para siempre,
que los niños recogían sus huesos esqueléticos en un rincón oscuro,
que las madres no lloraban por otros hijos muertos,
que los cielos tornábanse quirófanos ensangrentados
donde los relojes palpitaban sin tiempo para respirar.

Angustiada, me desperté, asustada
las rosas, hinchadas de color, esparcían seminales aromas a sensualidad boscosa,
mis hijas yacían en las laderas del sueño
pero Neruda se había marchado para siempre
porque otros hijos muertos retozaban sus cadáveres
guareciendo su abandono en mi culpable memoria.

Ha llegado la noche.
Continúo buscando a Neruda.
Huyo del futuro
y retorno a la alacena de mi infancia...

Allí lo hallo todo de nuevo:
las ilusiones por cambiar el mundo,
la magia de las palabras,
las caricias de mi madre,
las canciones de mi abuelo...
Y a ti, poeta, entre mis libros.

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