sábado, 16 de octubre de 2010

* 100 m CUADRADOS


"100 m cuadrados" es una comedia viva y conmovedora que provoca risas y lágrimas. Pero es mucho más: una certera reflexión sobre la condición humana, con unos personajes repletos de humor y de dolor, como en la vida real, con sus alegrías y tristezas, celebraciones y pesares. La confrontación entre Lola y Sara, entre la que sabe quién es y la que se está descubriendo, es toda una lección de dramaturgia. Qué complicado conseguir esa aparente sencillez que impregna la obra y que poco a poco nos va enamorando. Su autor y director (cordobés, por suerte, y recibidor de numerosos premios, a pesar de su juventud), Juan Carlos Rubio, nos lleva de la mano a conocer esas vidas que se entrelazan en momentos cruciales, que se tocan y se determinan, que se afectan una a la otra, hasta llegar a ese desenlace, a un final, que no es final, que es comienzo, que es desgarradoramente realista y a la vez un canto de homenaje al espíritu invencible del ser humano.
La visión de "100 m cuadrados" ayer en el Gran Teatro de Córdoba alimentó mi espíritu de un modo pleno y gozoso. La mejor sensación que anidó en mi corazón fue la profunda humanidad que, como actriz, transmitía Maria Luisa Merlo. Genial, sensible, dulce, jocosa y esa voz, que todo lo invade de armonía, de delicadeza. ¡Qué maravilla de mujer, qué magia, qué belleza! ¡Felicidades, princesa!
Miriam Díaz-Aroca, con su hermosa madurez, llena el escenario de profesionalidad equilibrada y de sosegado virtuosismo para las tablas escénicas. Si algo tiene el cumplir años es, desde luego, la conquista de una proyección que la inexperiencia de la juventud no ofrece. Jorge Roelas se presenta como un cómico de enorme talento. Es con sus apariciones, el instante en que la carcajada del público llega a su momento álgido, siendo su máxima estelar cuando, agazapado a la gitarra, nos habla de "esa cosa que es la vida", ¡Fulminante!
¡Enhorabuena, Juan Carlos! Seguiré tu rastro, que será largo, seguro.

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