domingo, 9 de enero de 2011

* A SUS MAJESTADES DE ORIENTE


En este recién estrenado mes de enero, me he asomado de nuevo a la ventana, con la intención de buscaros entre las estrellas del firmamento, completamente segura de que encontraría vuestra magia en ellas. De repente, un brillo intenso y cegador se hizo presente, de modo que a través de él tuve la absoluta certeza de vuestro infinito poder. Comprendí entonces que quizás esta vez sería escuchada. Así que una algarabía portentosa iluminó mis pupilas y os miré a los ojos con ferviente ilusión...
Allí estábais nuevamente, pletóricos de generosidad y volví a confiar...
Sin embargo, aquí estoy, ahogada en oscuros océanos de decepción. Un año más habéis desoído mis plegarias.
Los niños de mi mundo no necesitan vuestros regalos, puesto que para ser felices no son precisos tantos juguetes, que en muchos casos ni siquiera os han pedido o han deseado. Algún día, cuando estos chiquillos lo entiendan, lo agradecerán, ya que ellos son muy inteligentes, aunque los padres intentemos convertirlos en seres atontados.
Os lo ruego una vez más: pasad por otros lugares, idos hacia esos países donde el hambre, la sed, la enfermedad, el desamor, la guerra, la explotación infantil, el maltrato, la violación, la incultura forman parte de la vida cotidiana de tantos niños inocentes. Atiende a esos muchachos, ellos sí lo necesitan. Por favor, Majestades de Oriente, por caridad.
El año que viene volveré a buscaros entre las estrellas, a través de mi ventana. Mientras tanto, continuaré haciendo memoria constante de que TAMBIÉN ELLOS EXISTEN.

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