domingo, 6 de febrero de 2011

* CONTRA LA ABLACIÓN


La ablación femenina o mutilación genital consiste en la extirpación del clítoris en las niñas con la finalidad de anular la posibilidad de tener orgasmos. Se realiza en gran parte de África, llegando a un porcentaje del 93% de la población, a pesar de que las ONGs se empeñen en divulgar la realidad de sus terribles consecuencias. Suele llevarse a cabo en la infancia y, en muchos casos, no sólo se cortan los labios menores, sino también los mayores, procediéndose a coser la vulva después. El instrumental empleado es una cuchilla o cuchillo de cocina y la calle, el campo, la casa o una cama son los lugares en que se realiza. Esta práctica está encomendada habitualmente a las mujeres ancianas de la familia o del barrio, a quienes se entregan las hijas para que las mutilen. La mujer a quien no haya sido realizada la ablación difícilmente podrá contraer matrimonio, pues no se considerará pura por parte de los hombres de su comunidad. En ocasiones, una mujer adulta después de haber dado a luz, con la consiguiente dilatación de los músculos vaginales, podrá ser cosida con el fin de estrechar su vulva, provocando mayor placer a su marido en las relaciones sexuales.
Las consecuencias a lo largo de la vida de la mujer que en su día fue mutilada son muy variadas: para empezar, el orgasmo clitoriano está totalmente eliminado, además las dificultades para orinar, los inconvenientes en el parto y las infecciones que se presentan son algunas de ellas, además de la muerte. A menudo, suele suceder que la falta de motivación sexual en estas mujeres hace que los esposos busquen a prostitutas para encontrar en ellas la pasión que no hay en sus esposas. la promiscuidad sexual favorece además la expasión del sida y otras enfermedades venéreas, de consecuencias terribles en un continente que, siendo tan pobre, poco puede invertir en medicamentos para contener su avance.
Todas esas razones hacen que, por supuesto, manifieste mi más profunda repulsa por una práctica aberrante que, desde luego, mancilla la dignidad de la mujer. Utilizar como argumento lo que algunos emplean: "son costumbres de otras culturas", me resulta igual que lavarse las manos ante algo radicalmente inhumano. Es verdad que en muchos casos ni las mujeres ni los hombres que practican la ablación son conscientes de sus consecuencias, por eso es imprescindible por parte de todos difundir la información suficiente para que sean ellos mismos quienes, una vez sean sabedores de sus peligros, acaben con ella. La fuerza cohercitiva y represora no tiene ningún sentido cuando la razón está de parte de quienes conocemos todos sus inconvenientes, frente a una única razón que lo justifica: el machismo exacerbado que sitúa a la mujer a años luz respecto del hombre. Cabe preguntarse para finalizar ¿sería más puro también el macho común si se le mutilara la punta del pene?

5 comentarios:

  1. Debemos hacer lo posible y hasta lo imposible por acabar con prácticas criminales, como éstas. No valen excusas religiosas, culturales, ni de ningún tipo.

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  2. Totalmente de acuerdo.
    Me ha encantado tu entrada sobre la plaza del guardia circulación, ha traido tantos recuerdos de infancia a mi memoria, atravesé tantas veces aquella plaza con Gademar a las espaldas ¿Te acuerdas? El tiempo pasa y nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. Un besito

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  3. Es que la misma noche que hace blanquear los mismos árboles, cubre esas aberraciones que si bien es tema cultural (pues a nuestro concepto eso esta mal, pero según ellos eso es normal y necesario) son paradigmas que hay que erradicar... por eso de conocer y ver sus consecuencias de cada acto humano, nos hará mas comunes en el pensar... Hay mucho que aprender y cambiar, si el mundo cambia en cada movimiento ¿porque nosotros no? Estamos en ese camino.. Muy buen tema y ojalá que existan muchas más voces escritas como la tuya... promovamos estas cosas...

    un abrazo hasta alli.

    Juan José

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  4. Gracias Mª Carmen, porque el silencio no nos vale para nada... nadie nos recordará por todo aquello que callamos, y yo, te recuerdo desde pequeño como mi profesora, la que se atrevía a poner voz a muchos pensamientos y sentimientos reprimidos, encerrados en nosotros mismos. En este caso, nos encontramos ante una serie de aberraciones que, sorprendentemente al menos para mí, continuan existiendo. Y nosotros, inmersos en cierta impotencia, no podemos silenciarnos ante esto, no importa el medio, importa el mensaje y que éste llegue al mayor número de personas posibles. ¡Demos ejemplo!

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