domingo, 6 de marzo de 2011

* VIAJANDO CON DON ANTONIO


El pasado fin de semana, puente que fue para los andaluces, festividad de nuestra comunidad autónoma y del andalucismo en general, estuve en Úbeda y Baeza, aprovechando la gratuidad de que disponía para mí y mi marido de un fin de semana de hotel, como premio logrado en uno de mis concursos literarios. Pues bien, quisiera recordar al maestro: don Antonio Machado. En Baeza, el poeta pasó gran parte del profundo luto llevado en el corazón desde Castilla, con motivo de la muerte de su joven esposa Leonor.



Allí pasó algunos años, paseando, reflexionando, escribiendo y probablemente llorando entre terruños y olivares, hasta descubrir otra tristeza, desconocida para él hasta ese instante, pero no por ello menos verdadera: las profundas diferencias entre los jornaleros andaluces, cuidadores de la tierra, y los dueños de ella...
Por eso, Baeza curó el mal de amores que llevó hasta allí al poeta. Al pensar en los demás, dejó de pensarse a sí mismo, comprometiéndose así con el mundo que le tocó vivir.


Sobre su mesa coloco, en nombre de todos los andaluces, unas flores rojas para el maestro. Y en nombre propio doy las gracias a Baeza por aliviar al poeta que más he admirado durante toda mi existencia y que tantos momentos de soledad ha restado a mis días, Además agradezco a Francia el haber recogido sus restos mortales, cuerpo que la España de entonces no quiso albergar. Ojalá esto no vuelva jamás a repetirse. Mientras tanto yo te llevaré en el corazón hasta que mis propios restos sean reclutados por la tierra.

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