miércoles, 9 de marzo de 2011

* NIDO VACÍO


Mi Kyra es grandota, peluda, suave; tan blanda por fuera, que se diría toda de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro. (Gracias, Juan Ramón). Cuando se acerca despacio, buscando socarrona mis caricias tibias, me recuerda que estando ella, no me podré sentir jamás sola, a pesar de que los míos hayan emprendido su camino diario, antes incluso de que haya amanecido... Entonces, me contempla con dulzor para después retozar a mi lado mientras su lomo cálido se extiende, cual alfombra, haciendo de mi sendero un camino de afectos... La mañana se avecina columpiando sus soñolientas pestañas entre fragancias a níscalos y yedra fresca... Las primeras lluvias del día anuncian los últimos instantes del invierno y entre nubes todavía, las estrellas dibujan lívidos encajes de luces viejas.



Este paisaje, que es el cuadro de mi vida, perdería gran parte del color que lo acicala, si tú, Kyrita, no permanecieras a mi lado cuando ya no queda nadie en este nido vacío.

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