sábado, 2 de abril de 2011

* FAMILIA FERNÁNDEZ TAMARIT

Mi padre, José Manuel Fernández Rodríguez, perdió a los suyos siendo muy joven (con 11 años a su padre Manuel y con 17 a su madre Isabel), por esa razón no he podido recabar más información que la que, a continuación, expongo: Manuel Fernández Serrano trabajaba en una empresa de secretario, en la que el dueño y su hijo realizaron una actividad fraudulenta, culpabilizando a mi abuelo de ella. Este desafortunado incidente, le costó la cárcel y durante 4 años estuvo rodando de una en otra, de aquí para allá, y mi abuela Isabel, con 4 hijos, le seguía. A causa de las condiciones infrahumanas en que se hallaba dentro de presidio, contrajo una hepatitis que le condujo a la muerte. Isabel, que no corrió mejor suerte, fallece poco después de una afección pulmonar, no sin antes ver morir a su hijo mayor, Fernando, que es la peor desgracia que puede acontecer a una madre.
Mi abuelo materno, Manuel Tamarit Calderón, era albañil y mi abuela, Dolores Ramos Barba, campesina; ambos emigraron a Barcelona tras casarse en 1953, allí trabajaron mucho pero ella, que es quien me habla, destaca otros recuerdos mucho peores. La abuela Dolores cuenta que Manuel Tamarit Anguita, padre de mi abuelo, militaba en la clandestinidad en el partido socialista, junto a sus hermanos Antonio y Pepe. Una mañana fueron a buscarlo a su trabajo, lo golpearon durante horas y lo encarcelaron durante 1 año, sólo por sus ideas. Cuando abandonó, por fin la cárcel, nadie le daba trabajo en el pueblo, así que su hermano Manuel, de tan sólo 11 años, tuvo que ponerse a trabajar en una tienda, a cambio del desayuno. Además el chiquillo recogía palmitos en la era y luego los vendía en la puerta del cine. De entre los recuerdos más claros que mi abuela Dolores tiene de la guerra, siempre recuerda un día que, recogiendo leña al borde de una carretera, ella y dos zagalas más, pasó un camión cuyo conductor se iba comiendo un plátano. Tras tirar la cáscara a través de la ventanilla, las tres muchachas se lanzaron a por ella y, después de chuparla con desesperación, no dejaron nada. Cuenta que no tenían colegio, ni casa donde vivir, se alimentaban de los matorrales del campo, cáscaras de patatas que les daban, garbanzos… Sus zapatos eran trozos de mantas atados a los pies. Padecían muchas enfermedades, como la sarna, que la invadió con 7 años, teniendo que ser rapada por completo. Las infecciones de los pies descalzos del abuelo Manuel se las curaban con azufre.
No he podido evitar llorar cuando mi abuela relataba estos episodios de una España triste y oscura que ojalá no se repitan jamás.

Encarna Fernández Tamarit (1º bachillerato)

1 comentario:

  1. Hola, Mari Carmen, estoy visitando espacios que aparecen en la lista de seguidores de otros blogs amigos. Éste me pareció muy bueno, voy a quedarme por aquí como seguidor, si me permites.
    Si tienes ganas (sólo si tienes ganas), te invito a pasar por el mío.
    Un saludo desde Argentina.
    Humberto.

    www.humbertodib.blogspot.com

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