miércoles, 30 de noviembre de 2011

LAS FISURAS DEL SISTEMA


Los profesionales que trabajamos en la enseñanza sabemos que el ambiente humano de un centro educativo representa una micro-sociedad. Entre sus paredes nos hallamos con personas solitarias, abandonadas, tímidas, inseguras, líderes, cobardes, optimistas, inteligentes, manipuladores, entusiastas... Son, en gran medida, resultado de dos factores fundamentales: la educación recibida en el seno de la familia y el carácter con que sus genes los definan.No obstante, hay un tipo peculiar de ser, un perfil de alumno que responde a un estereotipo en el que se presienten además de los dos factores anteriormente mencionados, un tercero. Nos referimos al individuo descontrolado, indisciplinado, sin respeto a la autoridad, desquiciado ante el más mínimo estímulo externo que consideren ofensivo, desequilibrado, intolerante ante las normas, con risas inoportunas, con voces impertinentes, con graves faltas de respeto ... Esos tienen la mala fortuna de haber sido mal educados por sus familiares, cuentan con factores predisponentes hacia actitudes agresivas e incompasivas y suelen estar inmersos en el mundo de las drogas, lo cual potencia aún más sus deficiencias y contravalores. Este tipo de alumnos, que necesitarían ayuda de profesionales de la psicología y de la pedagogía, son las fisuras de un sistema que tira a la basura a los que no se acomodan a la norma. Son intrusos, potenciales perdedores, ruidosos, molestos, pero terriblemente vulnerables. Es desolador que te consideren su enemigo por el simple hecho de tratar de ofrecerles algo de la educación que nadie se ocupó en darles jamás, es descorazonador tener que soportar su hostilidad con el mundo, su acritud permanente, pero lo más terrible de todo es saber que son los futuros desechos de una sociedad que los condena desde que prácticamente vinieron al mundo.          

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