Louise vivía en
una casa junto a Ferdinand en el viejo Montmartre parisino donde ambos nacieron.
Ante las reiteradas manifestaciones de amor que ella le profesó durante toda la
vida, éste siempre respondería con suma indiferencia. Un día no supo desasirse
de la proposición que ella le hiciera para tomar té, de modo que ahí comenzaría
su perdición.
- Esta cama es
nepalí. Está fabricada con madera de pipal, un árbol con hojas en forma de
corazón, cuya consideración mágica explica que Buda fue iluminado en la fe bajo
el follaje de su copa. –Le explicó amablemente Louise.
A partir de entonces
no pudo dejar de espiarla cada noche desde su ventana, mientras ella, tumbada y
gimoteando en sueños, acariciaba los torneados barrotes de su cama. Ver aquella
escena, despertaba en Ferdinand incontrolables deseos. Así fue como se apoderó
de él un turbador anhelo por poseerla, por clavarla contra su pubis y besarla
con desbordante frenesí.
Trozos de piña, anís,
ajedrea, verbena, clavel, perejil, coriandro, regaliz y pétalos de girasol…
Hechizo de amor, vertido sobre una aparentemente inofensiva taza de té.
¡Poderoso brebaje! jejeje Un GRAN relato, felicitaciones y un beso grande, Maricarmen!!!
ResponderSuprimirHola, Diana. Muchas gracias. Me gusta que te guste. Ya sabes, el poder del amor. Qué no puede hacer una mujer enamorada!!!! Besos
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