jueves, 8 de marzo de 2012

* DÍA DE LA MUJER TRABAJADORA



¡Qué bien huele a café! Bajo a la cocina. ¿Mamá ya se ha marchado? De repente, se oye la puerta. Es ella, que trae el pan caliente, recién horneado. Vierto un chorrito de leche en mi taza. El café de mi madre siempre sabe diferente, más dulce. Me marcho al trabajo. - Mami, me voy, llego tarde. Las jornadas laborales de ocho horas se hacen eternas, a veces preferiría que, como en otras empresas, la hiciéramos partida. No obstante, todo tiene sus ventajas, de este modo tengo tiempo para ir al gimnasio por la tarde, tomar café con las chicas, dar un paseo con Ángel... Entro en casa. Mamá ha preparado empanada de atún, seguro. Huele de maravilla. Con estos platos tan exquisitos que ella cocina es difícil resistirse, aunque se esté a dieta. Mi madre es una excelente cocinera, no lo creo solo yo, es la opinión de toda la familia. Con el último trozo de manzana en la boca, él me llama. - Mami, me marcho. Es Ángel, quiere que vayamos a Córdoba. Tiene que comprarse ropa. Ella sonríe. Mi padre, también. Las rebajas no son gran cosa, a estas alturas de marzo. Entro en casa. Mi padre está dormitando en el salón, tumbado sobre el sofá, haciendo como que ve la película. Mi madre dobla los últimos trapos recién descolgados del tendedero. Prepara el cesto de ropa de plancha y, mientras suspira despacio, susurra entre dientes -Ya, mañana. Son más de las 11 de la noche. Me traspongo la tortilla de patatas y la ensalada que mamá me ha dejado sobre la mesa de la cocina. Cuando termino, ella ya se ha acostado. Mañana le espera una larga jornada, los jueves limpia tres casas, una por la mañana y dos por la tarde. Me voy a la cama. Las sábanas, recién cambiadas por ella, desprenden fragancias a flores sobre mi rostro. ¿Qué suavizante usará?  -Mami, ¿sabes que hoy era el día de la mujer trabajadora? Ella no contesta. Está ya mayor.

4 comentarios:

  1. Esas madres, mujeres, trabajadoras sin nombre, sin estatuas, sin titulares de periódico...Imprescindibles. No solo hoy hay que recorarles. Siempre se merecen nuestro homenaje.

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  2. Desde luego que tenéis que recordarnos siempre. Yo me identifico con la que hace la empanada, cambia las sábanas, dobla la ropa, pone lavadoras, consuela, mima... Y trabaja fuera. Aún sabiendo que la sociedad ha pretendido de mí que fuera una superwoman dentro y fuera de la casa, sé que hay mujeres, en otros países en otros continentes, e incluso en nuestro entorno que no han gozado de la misma vida que yo, ellas son las verdaderas protomujeres, dignas de elogio y merecedoras del estandarte del reconocimiento general.

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  3. Felicidades por su sensibilidad. Estas líneas me han llevado a mi casa, a mi niñez y a recordar el olor del hogar familiar. Gracias

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  4. Hola, Andrés. Me reconforta tu paso por aquí para hacerme partícipe de ese retorno tuyo a otros momentos de la vida. Eso tiene de hermoso escribir: hacer más vívidas e intensas las experiencias, alejadas ya, que para los otros pertenecen al ámbito de lo privado, esto es, a algún lugar del corazón. Muchos besos.

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