sábado, 30 de junio de 2012

FALSAS APARIENCIAS


Desde la ventana del salón contemplaba el hermoso jardín, en el que la primavera derramaba su esencia sobre la jacaranda, que seducía a los angelotes de la fuente con sus florecillas malvas, mientras aquéllos derramaban picaruelos el agua por sus minúsculos penes. El jazmín enredaba sus tentáculos en sensitivos abrazos sobre el muro empedrado.

Entretanto, una pareja de enamorados se había introducido furtivamente, aprovechando el oscuro anochecer. La amante se arrodillaba acariciándole las piernas y él le enredaba los luengos dedos con exaltada pasión en su rubia melena. Frenéticamente, la levantó para arrebujarla con imperiosa potencia sobre su pecho. Después, la trasladó hacia el banco de mármol travertino. Le llenó el rostro de besos y se marchó, abandonándola allí. ¡Qué apasionado es el amor!, pensé.

Salí de la estancia. Me acerqué a la mujer. Yacía muerta con un cuchillo clavado en el corazón. Los tres nos habíamos equivocado.

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