jueves, 14 de marzo de 2013

* DE PÉRDIDAS Y GANACIAS


A menudo, renuncio a ignorar el pasado, al menos completamente, porque trato de conservar lo que en él hubo que me hizo sentir feliz. Por esta causa, cuando mi corazón retorna al lugar donde percibí esas sensaciones de bienestar, me invade la nostalgia y, también a veces, la tristeza por la añoranza de lo perdido: personas, situaciones, lugares…
Sin embargo, no hay pérdidas sin ganancias, me digo.
En el fondo, no tengo claro si este mensaje que me envío es una fórmula de consuelo, una estrategia de manipulación respecto a mi visión del presente o simplemente una huida hacia adelante. No lo sé, no obstante, cuando acaricio la posibilidad de retornar a esos tiempos pasados en que me besaste, de alguna manera se me permite regresar a tu lado y volver así, de nuevo a los 16. O cuando el jilguerillo de mi infancia anunciaba con ímpetu los amaneceres veraniegos, puedo besar otra vez la cara joven de mi madre, el más bello rostro que he contemplado jamás, y el corazón me brinca de emoción o…
No hay pérdidas sin ganancias, me repito.
A medida que el pasado me arrebata los amores primeros, a los que todavía, en cierto sentido, sigo amando o me secuestra las cariacias de mi madre, cuyo tacto jamás volveré a percibir o…, me hago más grande, porque esas pérdidas me han provocado dolor, gracias al cual he crecido por dentro.
Lo importante es no convertir el dolor en sufrimiento, concluyo.

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