lunes, 6 de mayo de 2013

* AL AMPARO DE LO ESTOICO

Gabriel pensaba, a menudo, lo feliz que llegaría a ser cuando, por fin, consiguiera comprar aquel hermoso deportivo con el que tantas noches había soñado minutos antes de conciliar el sueño. Se imaginaba sentado sobre sus asientos de elegante piel oscura, conduciéndolo por las calles de la ciudad y, mientras las atravesaba, una nube tumultuosa de gentío se agolpaba en las esquinas para contemplar extasiados cómo su hermoso vehículo transitaba entre ellos con desdén. Para Gabriel la obtención de aquel automóvil significaba el final de toda una vida de esfuerzo y abnegación, al mismo tiempo que se tornaba en símbolo inequívoco de éxito y reconocimiento.
Al fin, su añoranza se hizo realidad. Sin embargo, un inconveniente añadido aparecía sin que él, en modo alguno, hubiese contado con ello: alguien podía robárselo. Por esa causa, con el coche llegaron las alarmas caras, las cocheras blindadas, los guardias de seguridad... Su congoja no era cuantificable, pero de haberlo sido hubiese estado en lo más alto de la escala de Ritcher. 
Gabriel se había devaluado hasta el extremo de centrar su felicidad en la obtención de un objeto externo, de modo que despreció todo cuanto interiormente podría haber llegado a conquistar. Concedió mayor importancia al tener que al ser, al coche que a la virtud, de modo que cuando el ladrón apareció, sorteando todos cuantos obstáculos él había dispuesto, le arrebató aquello en lo que se había convertido: la nada infinita. Al valorar en extremo algo que le podían quitar, se puso completamente en manos de quien acabó por quitárselo, dejando en nada el valor de su propia existencia.
       

4 comentarios:

  1. Me gusta como escribes, y tienes mucha razón en lo que dices...

    Un beso.

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  2. Gracias por tus palabras, siempre me dices cosas que me resultan muy agradables. Muchos besos

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  3. Eso es lo malo de aferrarse a las cosas. Te hacen pequeño e insignificante. Si te apegas a la virtud, te haces grande. Pero, hoy en día, es bastante difícil prescindir de lo material, será cuestión de conjugarlo como un verbo en presente pasado y futuro. Besos

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  4. Es muy verdadero lo que dices, mantener los sentidos concentrando su potencial en lo externo es un modo peligroso de perder la posibilidad de ser feliz, porque en un instante se convierte en cenizas. Conjuguemos pues. Muchos besos.

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