martes, 25 de junio de 2013

* LA FUGACIDAD DE LA VIDA

De repente llaman al timbre. Maldita sea, ahora que había empezado a concentrarme. ¿Quién será a estas horas? Con el poco tiempo del que dispongo para poder escribir... ¿Quién es? Nadie responde, pero una sombra tras la puerta deja constancia de su presencia. Hola. Me mira sorprendido. Hola. Lo miro impasible. No obstante, su cara me suena. Será de otras ocasiones en que haya traído un paquete. Vengo a entregar este porte. Viene de Sevilla y es para don Antonio ... No sabía que mi marido esperara un paquete, pero como es muy despistado, se le habrá olvidado. Le explico, en un diálogo distante. Dígame dónde se lo pongo, que pesa. Y continúa observándome con detenimiento, a la espera de algo. ¿Querrá una propina? Pero si hago intentos de dársela, igual se ofende. Mejor pregunto. ¿Tengo que pagarte algo? No, no, no tiene que darme nada. El hombre se incorpora tras soltar la pesada caja. Gracias. De nada Mari Carmen, con los sofocones que yo le he dado a usted en clase, encima me va a dar las gracias por tan poca cosa... Disimulo. No me acuerdo de él, en absoluto. Hubiera pasado desapercibido para mí de no haber recordado él nuestra relación pasada. Bueno, pero ya te has convertido en un hombre. Ha llovido mucho desde entonces. Le digo, tratando de hacerle creer que le recuerdo. Adios, Mari Carmen. Gracias, hasta luego. Le despido. Se marcha. Pienso. Reflexiono un instante. Me entristezco porque mi memoria se doblega con los años. Me alegro porque no le guardo ningún rencor por los sofocones que dice que me daba. La vida transcurre fugazmente y mi memoria, intacta para la poesía, trae a mis labios aquellos versos que decían: "Coged de vuestra alegre primavera el dulce fruto, antes que el tiempo airado cubra de nieve la hermosa cumbre. Marchitará la rosa el tiempo helado, todo lo mudará la edad ligera, por no hacer mudanza en su costumbre". Gracias, amado Garcilaso.
        

2 comentarios:

  1. Son tantos y cambian tanto cuando hace tiempo que no los vemos que es difícil identificarlos pero es una alegría que se sigan acordando de tí.

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  2. Sí, son muchos y cambiantes. Para ellos es fácil recordarnos, para nosotros, a medida que pasa el tiempo, es más difícil.

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