sábado, 8 de junio de 2013

* LA LIBERTAD

- Padre, ayúdame. Dos de mis amigos tienen un problema entre ellos. Cada uno me dice que si mi amistad es verdadera, deberé demostrárselo eligiéndolo a él, obligándome a su vez, a despreciar al contrario. ¿Qué puedo hacer?
- ¿Cuál es tu opinión respecto al conflicto?
- Pues considero que cada cual tiene razón en parte, pero que también cada uno de ellos han cometido errores que les ha llevado a la situación de enfrentamiento en la que se hallan. Si ambos hubiesen decidido aunar sus propias virtudes, hubieran fortalecido de manera muy favorable el afecto que se tenían, sin embargo, al tratar cada uno de ellos de poner en valor sus cualidades destacando los defectos del contrario, han llegado a oponerse de tal modo que su unión ya es irreconciliable.
- ¿Consideras, hijo mío, que ese enfrentamiento lo ha propiciado alguien?
- Sí, el maestro, padre. He visto como otorgándoles privilegios a uno y restándoselos al contrario, para luego, en otras ocasiones hacer lo contrario, fortalecía lo que los separaba, en lugar de potenciar lo que los igualaba.
- ¿Quién ha sido el perjudicado en esa competencia desleal?
- Los dos, padre.
- Pues bien, hijo mío, ha llegado la hora de que tomes una determinación y la lleves a cabo. He de decirte que las cosas en la vida no son como el maestro las ha planteado. Para que algo sea bueno, lo restante no tiene por qué ser malo, existen, afortunadamente, los tonos grises, que acercan el blanco al negro y viceversa. La competencia solo sirve para dividir fuerzas y, cuando eso sucede, procura descubrir qué intereses hay que, por encima de ella, la favorezca; al mismo tiempo, pregúntate sobré quién recae el perjuicio. En este caso, hay un perjudicado evidente, la amistad que ambos se profesaban. ¿Qué vas a hacer tú?¿A cuál de ellos vas a defender?
- Yo quiero continuar con la amistad de ambos, poder colocarme frente a cada uno de ellos sin sentir vergüenza de mis actos o palabras, poder visitarlos en sus casas sin sentir miedo al reproche, poder pasear al lado de cada uno sin temor a que nadie me señale con el dedo. No quiero que ninguno me someta enteramente a su verdad parcial y fragmentaria, pero, fundamentalmente, no deseo perder mi libertad. 
- Cuando la verdad que defiendes no te hace libre, entonces, es que ésta no es la verdad.

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