sábado, 15 de febrero de 2014

* MIENTRAS LLUEVE...

  1. Llueve y sus diminutas gotas resbalan por mi rostro, tratando de consolar en él los surcos de penas antiguas, al mismo tiempo que con sus caricias tibias me anuncian dichas venideras. La lluvia siempre limpia y recompone los recovecos sombr...íos del alma. Charcos anclados en las fisuras del pavimento me invitan susurrantes a retornar a la inocencia de mi niñez y así, desprovista del peso de los años, comienzo a brincar con descuido, salpicándolo todo hasta empaparme por completo. El precio de la locura no siempre es demasiado alto y, en esta ocasión, las suelas de mis viejas botas de ayer saltan en pedazos. Debo despojarme sin remordimientos de ellos, vetustos y deteriorados, de modo que entro en la zapatería más cercana para adquirir zapatos de futuro. Cuando salgo, el sol brilla luminoso y azul como en los limpios amaneceres de abril y pienso: qué no es capaz de inventar la banca...

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