sábado, 7 de junio de 2014

* HOMENAJE EN LA FERIA DEL LIBRO

Abrió el acto Reyes Lopera, concejala de cultura del ayuntamiento de Palma del Río, quien manifestó la importancia que para la formación de un pueblo tiene la creación literaria y, en consecuencia, el mimo por los libros. Ese objetivo justifica sobradamente que la feria se desarrolle cada año con más fuerza y arraigo. A continuación, argumentó el homenaje que se me concedía y que, como sucede cada año, va destinado a una persona de la localidad, por su entrega dilatada a la labor educativa, así como por su interés en el fomento del hábito lector. Mi periplo en los brazos de la enseñanza secundaria durante 25 años y mi trayectoria literaria han parecido razones suficientes para que el pueblo donde vine al mundo, con su alcalde a la cabeza, juzgara conveniente este reconocimiento. 
Posteriormente, Manuel Muñoz Rojo, periodista, historiador y cronista de la ciudad, procedió a dibujar en el aire presagios de suspiros nostálgicos, perfilados por el pincel de su elocuencia exquisita y sembrados con las rosas y espinas de mi experiencia vital. Un recorrido fiel, sensible y cargado de generosidad que no olvidaré, gracias amigo Manolo.
Mientras, la sorpresa de un pirata perdido en los kilómetros que lo separan de mi cuerpo pero no de mi amor, se presentó con un ramo de flores entre sus manos, para entregármelo con todas los colores posibles que la alegría pueda contener. Un pirata, mi preferido, al que no estrechaba contra mi pecho desde la pasada Navidad y cuya presencia allí se me hacía impensable, viniendo a demostrar que los deseos pueden llegar a cumplirse, si uno no desiste en el empeño de soñarlos.
Mi hija pequeña, Carmen, poeta de palabra y corazón, aunque médica de vocación, dedicó hermosas palabras de agradecimiento y admiración hacia la figura de una madre, la suya, o sea, yo, que, a pesar de haber errado tantísimo en mi tarea, ha logrado ayudarle a convertirse en una mujer bellísima por dentro y por fuera, al igual que Almudena, mi hija mayor, más prudente en el verbo creador, pero no en el talento arquitectónico. De ambas me siento profundamente orgullosa, pues constituyen mis mejores poemas, sin duda.
Tras mi sinceras gratitudes al pueblo, así como a cada una de las personas que han contribuido a cimentar lo que mi humilde persona es, el acto protocolario concluía. Entrañables abrazos y muestras calurosas de felicitación prendían mi corazón, provenientes de familiares, amigos y cuantos celebraron junto a mí un momento tan feliz de mi vida.
Para finalizar, un precioso ramillete de antiguos alumnos, preparó un fin de fiesta sorpresivo e impresionante. Provistos de la delicadeza y ternura que siempre estuvieron equipados, sembraron un aluvión de vitalidad sobre el reducido escenario cuando la obra Canijín, el tontorrón (perteneciente a mi obra Besos de chocolate para niños poetas), dirigida por Bernardo García García y narrada con entrañable simpatía por Chari Elena, fue representada por sus propios hijos. Un entramado de inocencia cautivadora y dulzura convirtió aquélla sencilla fábula en una historia mágica. 
Beatriz Morales Cevaqueba plagó de sensualidad y erótica belleza el escenario, al son de la recitación de poemas lorquianos. 
Después, Bernardo, entre andrajos y cartones, tornaría al vagabundo que hace casi 20 años le permitió obtener el premio al mejor actor de reparto en el Festival de teatro de Fuenteobejuna con mi obra Prejuicios (galardonada como mejor obra en el mismo festival). Su interpretación conmovedora, hiriente, cargada de lirismo, no fue más que la manifestación, una vez más, de que el talento de aquel muchachito, por el que un día aposté ciegamente, siempre fue grande y que ahora, con el paso de los años, no ha hecho sino crecer al amparo de su madurez, otorgándole, como a los vinos excelentes, matices de barrica noble.
Los arreglos musicales de Manuel Reyes Torres, artesano de sublimes acordes, dignificaron con prestancia la esencia de un coro que, complementado con Eligio Linares Velasco, supo navegar por los arrecifes melodiosos que el maestro Reyes dictaba. Los requiebros se quebraban, al fracturarse en la garganta hecha añicos de Mónica Díaz "La corales"(cantaora flamenca), acompañada por el lamento meloso de Pedro Antonio Sánchez Cabello (reconocido actor perteneciente al galardonado grupo local Arrempuja Teatro) y el genio alegre de una jovencísima Carmen Muñoz. 
   
A todos, GRACIAS. El recuerdo de aquella noche permanecerá imborrable en mi corazón. 

HASTA SIEMPRE.          

Si quieres ver el homenaje, pincha en el enlace siguiente.

https://www.youtube.com/watch?v=xJArT54qDrk

3 comentarios:

  1. Un homenaje merecido y emocionante. Se respiraba vida, literatura y arte por todos los costados. Como pudiste comprobar, se te aprecia mucho en este pueblo, y hasta en los alrededores. Cuando se ha traspasado, además, cierta barrera de edad, estas manifestaciones de respeto y afecto son bienvenidas y una inyección de moral y alegría, que hace olvidar muchos sinsabores. Besos.

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  2. ¡Qué bonito todo lo que me dedicas, amigo! Sí, me siento querida y reconocida. Eso siempre es emocionante para quien es acreedor de tanto afecto como allí se respiraba. Al final, uno se plantea ¿no se estarán equivocando de persona? ¿merezco yo tanto como estoy recibiendo? En cualquier caso, mientras decido si es una realidad o una maravillosa fantasía, intento gozarlo. Carpe diem, no crees? Muchos besos y gracias. Te debo una cervecita fresquita en la peña. Un abrazo.

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