domingo, 17 de agosto de 2014

* DEJAR IR LO PERDIDO

Llega un momento en la vida de todo ser humano en que se ve atrapado por el peso aplastante y rotundo de la decepción... El mundo se desdibuja con crueldad y todo parece hecho con la esencia putrefacta a que huelen las apestosas entrañas de Satanás. Entonces comienza a hacerse preguntas dolorosas... El temor enlaza sus dedos malvados, tallando un presidio de sufrimiento y desilusión que se va apoderando de todos los rincones del alma. El corazón se vuelve entonces chiquito y débil, como una pompa de jabón. Se arruga tanto que apenas tiene fuerzas para latir.
Había llegado el día... Ella lo sabía. Y, al descubrir su rostro frente al espejo de aquel amanecer gris, se prometió entre millones de lágrimas que lograría conservar la esperanza suficiente para que, cuando hallara sus ansiadas respuestas, no le importaran absolutamente nada ninguna de ellas.
Solo así retornaría la paz perdida, el sosiego robado, la anhelada serenidad. Solo así alcanzaría la amada felicidad.

2 comentarios:

  1. Preciosa prosa repleta de adjetivaciones y de metáforas. Cuanto envidio la fluidez de tus escritos. Un abrazo, Maestra.

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  2. Gracias, amigo. Eres muy grande!!! Gracias. Un abrazo.

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