martes, 14 de octubre de 2014

* SOBREVIVIR


A veces, los momentos buenos del día vienen solos. La mayoría de las veces, en cambio, hay que salir a buscarlos. Solo cuando ese razonamiento toma sentido en mi interior, me dejo invadir por la vida plenamente… A partir de ese segundo caigo en la cuenta de que las canciones tienen los mismos rostros de las personas a las que amo y que, si me empeño con afán, puedo acariciarlos con ternura. Incluso, besarlos. Aunque estén lejos de mi lado… En ese minuto preciso en que me permito sentir la vida, me doy cuenta de que el mejor instante del día es aquel en que repliego mi cuerpo desnudo sobre mí misma y, en posición fetal, como una oruga pequeñita, permanezco en silencio, a solas frente a mi propio corazón en plena desnudez. Percibo entonces el sabor de todas mis verdades, amargas y dulces, también de todas mis mentiras, mis limitaciones, mis ruindades, mis miserias… Exactamente en el momento en que me consiento vivir, solo entonces, soy capaz de dimensionar el valor que un trozo de chocolate con almendras posee cuando, mordisqueado lentamente, se convierte en el remedio infalible contra los instantes finitos de mis tristezas infinitas. La vida, ese caudal incesante de emociones extraordinarias… Vivir.

2 comentarios:

  1. Cada día me admiro más de la soltura que tu pluma tiene para describir los sentimientos más íntimos. Sigue así.

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    1. Gracias, amigo. Me hace mucha ilusión que te guste porque tu criterio me importa mucho. Un besito

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