martes, 17 de junio de 2014

* TATI Y ANNA

ASÍ COMIENZA MI NUEVA HISTORIA INFANTIL...

Yo soy el mago Gustavo
Para gozar y pensar
Un cuento con argumento
A todos voy a contar.
En un tejado elevado
De una ciudad colosal
Tres muchachitos chiquitos
Se ocultan de los demás.
Es un tejado plagado
De alegría, de bondad
Consiguiendo así vivir
En un mundo sin maldad.
A todos voy a contar
Que tres chiquillos muy tristes
Se ocultan del qué dirán
En un mundo imaginario
En un mundo sin fealdad.
La que voy a relatar
Es la historieta de Anna,
De Catanga y Mojamé
Y de un bichito que habla
(Aunque no lo crea usted)
Se llama rana Tatiana.
¡Óyeme, escucha, que empiezo!
¿Por qué no te callas ya?
Eres como una cotorra
¡Qué niño más charlatán!
Así, muy bien, calladito
Si te quedas sin hablar
Podrás entender mi historia
Y con ella disfrutar.
¡Anda, come palomitas!
O te transformo en gusano
Sacándote mi varita
¿Qué prefieres, papa frita?
Te he dicho ya que soy mago
Y cualquier sueño imposible
O encantamiento increíble
Con mi gran magia lo hago.
¿No lo crees? Pues ya verás
Escucha y aprenderás…

* EL PREMIO

Conseguirte, preciosa estatuilla, solo me ha costado 25 años de docencia ininterrumpidos, el tiempo y la ilusión suficientes para escribir diez obras literarias y, sobre todo, el afecto de mi gente. Qué suerte!!!

sábado, 7 de junio de 2014

* HOMENAJE EN LA FERIA DEL LIBRO

Abrió el acto Reyes Lopera, concejala de cultura del ayuntamiento de Palma del Río, quien manifestó la importancia que para la formación de un pueblo tiene la creación literaria y, en consecuencia, el mimo por los libros. Ese objetivo justifica sobradamente que la feria se desarrolle cada año con más fuerza y arraigo. A continuación, argumentó el homenaje que se me concedía y que, como sucede cada año, va destinado a una persona de la localidad, por su entrega dilatada a la labor educativa, así como por su interés en el fomento del hábito lector. Mi periplo en los brazos de la enseñanza secundaria durante 25 años y mi trayectoria literaria han parecido razones suficientes para que el pueblo donde vine al mundo, con su alcalde a la cabeza, juzgara conveniente este reconocimiento. 
Posteriormente, Manuel Muñoz Rojo, periodista, historiador y cronista de la ciudad, procedió a dibujar en el aire presagios de suspiros nostálgicos, perfilados por el pincel de su elocuencia exquisita y sembrados con las rosas y espinas de mi experiencia vital. Un recorrido fiel, sensible y cargado de generosidad que no olvidaré, gracias amigo Manolo.
Mientras, la sorpresa de un pirata perdido en los kilómetros que lo separan de mi cuerpo pero no de mi amor, se presentó con un ramo de flores entre sus manos, para entregármelo con todas los colores posibles que la alegría pueda contener. Un pirata, mi preferido, al que no estrechaba contra mi pecho desde la pasada Navidad y cuya presencia allí se me hacía impensable, viniendo a demostrar que los deseos pueden llegar a cumplirse, si uno no desiste en el empeño de soñarlos.
Mi hija pequeña, Carmen, poeta de palabra y corazón, aunque médica de vocación, dedicó hermosas palabras de agradecimiento y admiración hacia la figura de una madre, la suya, o sea, yo, que, a pesar de haber errado tantísimo en mi tarea, ha logrado ayudarle a convertirse en una mujer bellísima por dentro y por fuera, al igual que Almudena, mi hija mayor, más prudente en el verbo creador, pero no en el talento arquitectónico. De ambas me siento profundamente orgullosa, pues constituyen mis mejores poemas, sin duda.
Tras mi sinceras gratitudes al pueblo, así como a cada una de las personas que han contribuido a cimentar lo que mi humilde persona es, el acto protocolario concluía. Entrañables abrazos y muestras calurosas de felicitación prendían mi corazón, provenientes de familiares, amigos y cuantos celebraron junto a mí un momento tan feliz de mi vida.
Para finalizar, un precioso ramillete de antiguos alumnos, preparó un fin de fiesta sorpresivo e impresionante. Provistos de la delicadeza y ternura que siempre estuvieron equipados, sembraron un aluvión de vitalidad sobre el reducido escenario cuando la obra Canijín, el tontorrón (perteneciente a mi obra Besos de chocolate para niños poetas), dirigida por Bernardo García García y narrada con entrañable simpatía por Chari Elena, fue representada por sus propios hijos. Un entramado de inocencia cautivadora y dulzura convirtió aquélla sencilla fábula en una historia mágica. 
Beatriz Morales Cevaqueba plagó de sensualidad y erótica belleza el escenario, al son de la recitación de poemas lorquianos. 
Después, Bernardo, entre andrajos y cartones, tornaría al vagabundo que hace casi 20 años le permitió obtener el premio al mejor actor de reparto en el Festival de teatro de Fuenteobejuna con mi obra Prejuicios (galardonada como mejor obra en el mismo festival). Su interpretación conmovedora, hiriente, cargada de lirismo, no fue más que la manifestación, una vez más, de que el talento de aquel muchachito, por el que un día aposté ciegamente, siempre fue grande y que ahora, con el paso de los años, no ha hecho sino crecer al amparo de su madurez, otorgándole, como a los vinos excelentes, matices de barrica noble.
Los arreglos musicales de Manuel Reyes Torres, artesano de sublimes acordes, dignificaron con prestancia la esencia de un coro que, complementado con Eligio Linares Velasco, supo navegar por los arrecifes melodiosos que el maestro Reyes dictaba. Los requiebros se quebraban, al fracturarse en la garganta hecha añicos de Mónica Díaz "La corales"(cantaora flamenca), acompañada por el lamento meloso de Pedro Antonio Sánchez Cabello (reconocido actor perteneciente al galardonado grupo local Arrempuja Teatro) y el genio alegre de una jovencísima Carmen Muñoz. 
   
A todos, GRACIAS. El recuerdo de aquella noche permanecerá imborrable en mi corazón. 

HASTA SIEMPRE.          

Si quieres ver el homenaje, pincha en el enlace siguiente.

https://www.youtube.com/watch?v=xJArT54qDrk