domingo, 28 de abril de 2013

* EL 20 DE CADA MES

Saturnino, anciano centenario, vivía con su hija, yerno y nieto. En aquella familia paupérrima, el 20 de cada mes, se esperaba como agua de mayo, pues era el día que se cobraba la jubilación, gracias a la cual se sustentaban.

            Cuando el anciano murió, su hija preguntaba abatida: “¿Qué haremos ahora sin la pensión de mi padre?”. No obstante, para sorpresa mayor, el dinero continuó siendo ingresado  cada mes. Así que, pensando que fuese un error del banco bueno, ninguno de ellos se atrevió a averiguar por qué.

            Un día, la mujer padeció un ataque de histeria. Al gritar, todos corrieron a la cocina donde la hallaron aterrorizada, mientras señalaba algo. “Ah, bueno – respondió el hijo-, es un regalo del abuelo. Antes de morir, se cortó el dedo, me pidió que lo congelase y que, en secreto, lo usara para firmar el 20 de cada mes.” 

miércoles, 24 de abril de 2013

* GRACIAS A LA VIDA

Me gusta el aroma a azahar en las tardes tibias de abril y la fragancia que desprende el césped recién cortado.
Me produce rechazo el olor de las gasolineras y el de los hospitales. Me recuerdan la muerte, el final de cualquier camino.
Me enamora el perfume de mi hombre pues cuando lo contemplo encuentro que su cuerpo se llena de incienso y ramitas de lavanda.
Odio el peste de las aguas estancadas y del pescado podrido. Me traen a la memoria que existe la pobreza y la injusticia.
Me conmueve el sopor de algunas ancianas, limpias y relucientes, que, vestidas de negro riguroso, menean sus abanicos, impregnándolo todo con efluvios a limón. En ellas acabo viendo siempre el rostro de mi propia madre y despiertan mi ternura.
Detesto la pestilencia a sudor y pies. No me gusta las personas desaseadas.
Me inunda de nostalgia el pan recién horneado y la frescura del zumo de naranja porque me traslada directamente a la infancia de mis niñas, ya mujeres.
Me apasiona el olor del mar, el aroma del laurel y la fragancia de la leña acabada de cortar y, mientras me dejo invadir por tantas sensaciones desbordantes, me aseguro de que vivir es una experiencia maravillosa.

sábado, 20 de abril de 2013

* CADENA DE ERRORES

Ya no nos quedan amigos sobre los que cargar tus frustraciones, se cansaron de tu egoismo, y yo lo permití; ni nuestro único hijo  nos mira a la cara, le obligaste a elegir entre la mujer que amaba y tu inquisitivo control, y yo lo consentí; tus hermanas son igual de hipócritas contigo que tú lo eres con ellas, pues también hablan mal de ti a tus espaldas, son cómplices de tu misma farsa, y yo lo compartí; hasta el perro ha decidido morirse porque no te preocupabas siquiera de alimentarle y yo lo toleré. Tu despreocupación por todos y por todo, excepto por ti misma, ha provocado que hoy te abandone también yo, después de intentar inútilmente respirar aire limpio en el interior de este asfixiante matrimonio, en el que he persistido más tiempo del que cualquier ser humano con personalidad podría soportar...
- Anda, deja de aparentar lo que no eres y recoge del suelo la poca dignidad que te ha quedado. Yo intentaré respetarme más durante la porción de vida que me quede. 

jueves, 18 de abril de 2013

* CARTA DE NAVEGACIÓN

Tempestades, turbulencias, tormentas cabalgan agitadas en el interior de mi corazón a la espera de que, presuroso, me llames a ti.
-Soledad… - Exclamas por fin.
Las sílabas de mi nombre, mecidas por tu aliento, se tornan en diáfanas estrellas que iluminan el obscuro universo de mi naufragio. Es entonces cuando un torrente de lluvia fresca inunda cada anhelante poro de mi piel, en tanto que, al erizarse, el vello transforma en selva boscosa las ensenadas tristes de mi cuerpo. Aquí estoy una semana más, como cada una de las que conforman mi vida durante los últimos años, a la hora en que tú has decidido darme cita para navegar conmigo, convirtiendo así el desierto de mis días en un caudaloso océano de ilusiones.
- Desnúdate. - Me solicitas con la voz embadurnada por cálidos almíbares y yo, cual abeja golosa, obedezco atraída por su dulzor.
Lentamente me desprendo de las vestimentas que separan mi cuerpo de tus manos y mientras lo hago, mariposas salvajes agitan sus alas en la boca de mi estómago, plagándome entera de apasionada inquietud. Retiro en primer lugar mi abrigo, que deposito con parsimonia sobre la percha; entretanto tú preparas mi música preferida, haciendo sonar al Beethoven épico y turbulento de la Sonata Appassionata.  Después me desprendo de la blusa, que coloco con esmero sobre el respaldar de la silla; tú bajas la intensidad de la luz que ilumina la sala. Finalmente, mientras te acercas hasta mí con embaucadora sonrisa, yo desabrocho el sujetador de negra blonda que enclaustra mis senos, libertándolos para ti, el único amor de mi vida.
- Túmbate boca abajo.
Obedezco porque mi navío se hundiría de no estar anclado en la orilla de tus costas. Así me dispongo para que las yemas de tus dedos tripulen por los complacientes arrecifes de mi espalda y, mientras se deleitan con detenimiento en los escarpados acantilados de mis costillas, un escalofrío racheado me recorre la cintura. El tacto caliente de tus manos solivianta con su agitado vaivén las profundidades coralinas de mis lujuriosos deseos. La razón de mi existir comienza y termina en tus dedos marineros.
- Date la vuelta. - Me ordenas con la enérgica contundencia del firme comandante.
Obedezco porque mis días serían icebergs de helada soledad a no ser por tus caldeadas aguas tropicales y mis pechos, dos anémonas de mar, dormirían en profundo letargo ocultos en la turbidez de los fondos marinos. Los poros de mi piel, esqueletos calcáreos en tu ausencia, se abrazan, como si de hábiles algas se trataran, a los promontorios de tus brazos. La proa de mi barca cimbreante se precipita con premura a tu bahía, en tanto que tus aguas tiñen de esmeralda las orillas de mis sueños.  
- Puedes vestirte. Hemos terminado.
¿Hemos terminado? Pienso. Si acabo de llegar. Si…
Un fiordo de frío estaño cae sobre mi embarcación hundiéndola por completo. El caos vuelve a instalarse en la vida de esta vieja que soy, como una nube parda se extendiera con rudas zarpas por todo el cielo, cubriéndolo de oscura negritud.
- Soledad, la hora para el masaje de la próxima cita. - Exclamas con voz distante, mientras me entregas una nota.
Toda una semana por delante lejos de tu cuerpo… ¿Hacia qué perdidos destinos me dirigiré sin que tus templadas manos gobiernen mi timón? La vetusta madera de mi navío se torna leproso tronco carcomido porque anciana de años y encorvada de soledades, solo existe una ilusión en este navegar sin rumbo cierto que es mi vida: atracar para siempre en las límpidas arenas de tus playas.


lunes, 15 de abril de 2013

* COMO LA TIERRA ESTÉRIL


A veces la empatía con cierto tipo de jóvenes se hace complicada, sobre todo si entre los hábitos de que hacen costumbre es: burlarse de los ancianos, faltar el respeto a los adultos, saltarse las normas sin argumentos, divertirse con el destrozo del mobiliario urbano, vivir sin ninguna meta, consumir cualquier tipo de sustancia tóxica como forma de entretenimiento…
Suele decirse que proceden de ambientes muy deprimidos, desde el punto de vista social, económico, cultural, aunque no siempre. Los padres son los responsables de estas actitudes en sus hijos de dos modos: no inculcan límites a sus conductas, (por comodidad o desinterés), por lo cual acaban haciendo de ellos personas impulsivas, que exigen todo cuanto desean de forma inminente, a las que no les importa cómo lograrlas. En segundo lugar, cuando se les recrimina el comportamiento de los hijos, les justifican y defienden de modo abnegado, incluso ante lo injustificable, incluso frente a conductas delictivas (quizás tengan un erróneo concepto de la paternidad y la maternidad). Sin embargo, una vez avanzado el proceso de descomposición, llega un momento en que esos mismos padres se quejan, mostrándose como víctimas de sus propios hijos, cuando los monstruos acaban por engullirlos también a ellos. Desafortunadamente, ambas posturas contribuyen a hacer de ellos, a la larga, “carne de cañón”.
Una juventud productiva, creativa, respetuosa, no manipulable, dialogante, pacífica, solidaria, con ideas propias…, no se hace sola. Es imprescindible la autoridad familiar, la disciplina escolar y la cooperación entre ambos.  Sin ninguna duda, queda mucho en lo que debemos trabajar.

miércoles, 10 de abril de 2013

* ES... VERDAD VERDADERA

" De las amas de casa se espera que aprovisionen la nevera, que cocinen aceptablemente, que recuerden qué alimentos prefieren sus maridos y qué productos son los más sanos para sus hijos. Se espera que empleen tiempo en la cocina, que preparen los bocadillos de la merienda, que obsequien a las visitas con pastas y churros, que hagan las croquetas para aprovechar los restos de la cena. La mayor parte de ellas tienen grabado a ruego que la comida no se tira, pero viven con la realidad de niños que no terminan su comida, o de maridos que no se presentan a comer. Se les ha enseñado que su valía depende de una mesa bien servida y de una nevera repleta. A cambio, su recompensa es quedarse con el cuello del pollo y terminar con los yogures caducados." LAURA ESPIDO FREIRÉ

jueves, 4 de abril de 2013

* ESTAR EN BABIA

Desde pequeña no era extraño que en el colegio los profesores, tanto como en casa mis padres, acostumbraran a llamarme la atención por "estar en Babia", y en muchas de esas ocasiones llegaron a reprocharme "estar pensando en las musarañas". A mí me desagradaba que tantos los unos como los otros no me dejaran en paz con mis pensamientos, casi siempre muy lejos de allí, y, por ser yo una chiquilla obediente, regresaba al lugar donde estaba siendo reclamada, aunque a regañadientes. 
Con los años tuve la curiosidad de saber por qué todo el mundo y a lo largo de toda mi vida me habían enviado tantas veces a Babia, descubriendo, para mi sorpresa, que ésta es una región de León, donde durante la edad media los reyes y príncipes iban a desconectar de las intrigas palaciegas por la belleza idílica de la comarca, mientras practicaban allí el deporte de la caza.   
Hoy, durante el recreo, un alumno me instaba a que le dijera alguna de mis palabras preferidas, de inmediato supe que sería una y exclusivamente esa la escogida, por eso le dije que el vocablo que más me gustaba era "musaraña". Lógicamente el chiquillo, extrañado, me preguntó por qué. Y es que a pesar de que una musaraña es un bichejo no dotado de una gracia particular, provisto de un hocico alargado que lo asemeja a un ratoncillo, para mí una musaraña es el lugar donde acostumbro a marcharme cuando pienso en flores gigantes de embaucadores aromas, cuando sueño con guerreros de fornidos brazos y glúteos apetecibles, cuando añoro sentarme a la orilla de un caudaloso río donde puedo dialogar con amigos a los que adoro, pero, sobre todo, es la oportunidad de imaginar un lugar donde miles de jóvenes retozan tumbados en la fresca yerba con un libro entre sus manos.

martes, 2 de abril de 2013

* MENOPAÚSICA

- Tome mucha leche de soja, le ayudará a prevenir la osteoporosis. Y salga a dar paseos con otras mujeres de su edad. Cuénteles cómo se siente, si le aturde no poder tener hijos ya, si tiene miedo a la vejez que se aproxima, si está triste y por qué, si comienza a perder sus facultades mentales…
                Angustias miraba fijamente a los ojos de la doctora mientras trataba de entender todo cuanto ésta le decía.
- No se preocupe, la menopausia  no es más que una etapa nueva, le quedan todavía muchos años por delante. Mírelo de forma optimista. Aproveche para diseñar planes de futuro: viaje a ese lugar que usted soñó a lo largo de toda su vida, apúntese a cursos de baile de salón, de pintura, de natación, aproveche para hacerse algunos retoques de cirugía…
- No siga, a mí la menopausia me importa un pimiento.
- ¿Disculpe?
- Vengo a por unas pastillas que me quiten la pena contra el desahucio.