jueves, 14 de diciembre de 2017

JAQUE AL CABALLO EN TARANCÓN

Mi obra de teatro JAQUE AL CABALLO representada en Tarancón por el grupo Sesparke, Qué ilusión!

http://www.tarancondigital.es/el-grupo-sesparke-de-tarancon-ofrece-la-obra-jaque-al-caballo-en-el-mes-de-teatro-jose-luis-sanchez-paletilla/

* EL LÁPIZ PARA DIBUJAR ESTRELLAS

Desde pequeña quiso un lápiz especial para dibujar estrellas. Siempre lo pedía a los Reyes Magos. Un buen día descubrió algo realmente sorprendente. Con los recuerdos maravillosos que su padre le había proporcionado podía dibujar miles de estrellitas, tantas como para dar un millón de vueltas al planeta Tierra. A partir de entonces, cada nuevo día, escogía un recuerdo y lo hacía brillar en el firmamento de su presente. Los días se llenaron de magia y amor.

martes, 24 de enero de 2017

* TESOROS



Tener el privilegio de haber recalado en las playas de tu inmensa bondad, zambullirme en las aguas transparentes de tu infinita generosidad y hacer míos los tesoros coralinos de tu fondo marino son los paraísos que añoré toda mi vida. Quién necesita el Caribe?

*LA BISABUELA

La mujer comprendió que aquel volumen de agua que mojara sus tobillos no procedía de los cielos. Los últimos días de septiembre lanzaban sus huesos contra los campos de algodón, en que una muchacha portaba un saco repleto de madejillas. El sol se empeñaba, testarudo, en calentar las lomas del hermoso valle sureño. Pero no, se repetía ensimismada, la humedad que empapa mis rodillas no es producida por las pisadas a inexistentes charcos. No ha llovido aún, el otoño se resiste a irrumpir y la aridez sobre la tierra esculpe secos dibujos. Es verdad, debería de llover. Entonces... por qué estoy mojada? La mujer apartó, no sin serias dificultades, su saco, en cuyo interior iría depositando parsimoniosa las nacaradas bolitas de algodón. Sus faldas estaban empapadas por un líquido sanguinolento. Era la abuela de mi madre que daba a luz en los campos a su séptima hija. Después, limpió con la blusa la carita de la recién nacida y se marchó a su casa caminando. Caería la noche cuando el resto de la familia supiera que otro hijo aumentaba en una las bocas que alimentar. Por eso, al día siguiente, antes de la amanecida, la misma mujer del día anterior volvió a colgar su saco sobre la cadera, olvidando los recientes y perturbadores dolores del parto, para nuevamente llenarlo con bolas antiguas de algodón nuevo.