sábado, 24 de septiembre de 2011

* OS QUERRÉ... SIEMPRE

(Mis niñas y yo, julio 05).
 Decir "mucho" no añade ninguna acepción nueva a la dimensión de mi sentir, si os digo bajito, como un susurro, "os quiero". Cuando se ama tanto, no se necesitan cuantificadores, porque no existen contenedores, ni compartimentos que estanquen los sentimientos, que los midan, que los aten. Y ahora llega el instante preciso en que me dejáis, con destino a vuestro futuro, a proseguir vuestros estudios, lejos de mi cuerpo, prendiendo los rincones de mi recuerdo con azucenas de inocencia, varitas de canela y fragancias de ternura. Lejos de ser un obstáculo que debáis sortear en el sendero, debo ser un propulsor cargado de amor, que os impulse hacia el horizonte de tantas ilusiones como vuestros jóvenes corazones albergan. Y lo seré. Lo prometo. Acariciaré las alas de mis cisnes y limpiaré la sangre de sus heridas. Mientras, aguardaré siempre en este palacio que es mi alma para vosotras, asomada a sus balcones, para dejar latir muy fuerte los pálpitos de mi pecho cuando vuestro retorno convierta en una fiesta mi existencia. Por eso, no digo "mucho", prefiero "SIEMPRE".

viernes, 23 de septiembre de 2011

* MÁGICOS PUENTES DE ILUSIÓN

"Nada nos importan los obstáculos a salvar (el frío, la humedad, el peligro a morir siendo arrastrados por la corriente...). Queremos aprender a leer". Ha dicho un grupo de alrededor de 30 niños vietnamitas. Un video difundido por la televisión de Vietnam muestra a un grupo de niños que todos los días tienen que atravesar a nado un río para llegar a la escuela. En las imágenes se ve cómo los menores, que pertenecen a una escuela primaria, meten sus útiles en bolsas de plástico para arrojarse al agua y llegar así al otro lado con la intención de asistir a sus clases. Los menores se dejan arrastrar por la corriente, que dependiendo de la época del año puede llegar a tener más de tres metros de profundidad. De ese modo, los chiquillos arriesgan sus vidas a diario incautamente, pero el arrojo y la valentía con que defienden su derecho a aprender los hacen merecedores de todo nuestro respeto y admiración. Actualmente somos testigos de un primer mundo en cuyo esquema de valores la cultura no ocupa un lugar de privilegio, por eso las imágenes de estos muchachos casi desnudos, atravesando las intrépidas corrientes, portando un tesoro entre las manos (sus libros), me han empapado de emoción, haciendo que un torrente de culpabilidad humedeciera todas las orillas de mi ser.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

* DESNUDA



¿Puedo cuidarte el resto de mi vida?
Sembraré terciopelos en tus sienes,
Y aguardaré rendida por si vienes
Para poder besarte las heridas.

¿Puedo tener por senda la escondida
Pradera de bondades que tú tienes
Y ocultarme en los valles de tus pliegues
A establecer permanente mi guarida?

Contigo navegar en tempestades,
Por ti masticaré oscuro lodo,
Y a ti confiaré mis vanidades.

Estando seducida de este modo
Cualquiera afirmaría que ruindades
Sería confesar que no te adoro.

domingo, 11 de septiembre de 2011

* AZÚCAR ROJA


Entonces me enamoré de ti. Y, desde aquel instante, tréboles de cuatro hojas comenzaron a crecer entre mis dedos sólo con mirarte, mientras en el jardín se amontonaban rosas que olían únicamente si te pensaba y mi teléfono sonaba
cuando eran tus llamadas las que recibía…

En aquel instante, supe haberme enamorado de ti, pues mi planeta se fue transformando en un lecho donde blancas sábanas enredaban enloquecidas tus ilusiones a mi cintura. Al deshojar margaritas, sus “síes” me trasladaban al titilar suave de tus caricias porque las sílabas de sus nombres eran indefectiblemente tu nombre al llamar a otros hombres. Me juraste amor eterno y reconocí el rostro de la eternidad que había venido a visitarme para quedarse a mi lado...

Aquel día me enamoré de ti y el amor salió, por fin, del congelador refrescando mis soledades con la calidez de tu recuerdo; pues sobre las paredes de mis noches gimoteaba tu perfume como un ser con vida propia en tanto que los cristales de mis ventanas teñían el parque de alegres colores, cuando contemplaba a los hijos que un día serían los nuestros.

Por eso, construí un camino entre tu casa y la mía con diminutas piedras de marfil, clavadas una a una por mi mano enamorada, para que, si algún día te marchabas,
pudieras reconocer siempre el camino de regreso hasta mí; aquí aguardaría yo con mis eternas ilusiones por toda la eternidad.

¡¡¡FELIZ COMIENZO DE CURSO!!!