sábado, 30 de junio de 2012

FALSAS APARIENCIAS


Desde la ventana del salón contemplaba el hermoso jardín, en el que la primavera derramaba su esencia sobre la jacaranda, que seducía a los angelotes de la fuente con sus florecillas malvas, mientras aquéllos derramaban picaruelos el agua por sus minúsculos penes. El jazmín enredaba sus tentáculos en sensitivos abrazos sobre el muro empedrado.

Entretanto, una pareja de enamorados se había introducido furtivamente, aprovechando el oscuro anochecer. La amante se arrodillaba acariciándole las piernas y él le enredaba los luengos dedos con exaltada pasión en su rubia melena. Frenéticamente, la levantó para arrebujarla con imperiosa potencia sobre su pecho. Después, la trasladó hacia el banco de mármol travertino. Le llenó el rostro de besos y se marchó, abandonándola allí. ¡Qué apasionado es el amor!, pensé.

Salí de la estancia. Me acerqué a la mujer. Yacía muerta con un cuchillo clavado en el corazón. Los tres nos habíamos equivocado.

lunes, 25 de junio de 2012

* RAREZAS DE AMOR


Prometo dejar las puertas de mi corazón siempre abiertas para ti y cuando decidas regresar, estarán esperándote los zapatos de flores con los que recorrimos el sendero de nuestra vida juntos.


martes, 12 de junio de 2012

* CONTRA EL TRABAJO INFANTIL


Soy Mitsuko. Como cada nuevo día, también hoy me han despertado con ensordecedores gritos, en torno a las 5 de la madrugada, del mismo modo que lo han hecho con el resto de mis compañeros. Después nos han introducido, alineados en fila india, dentro de la nave principal. Un lugar sin ventilación, que no posee ventanas al exterior, para evitar así que podamos ser vistos, de manera que nos es imposible contemplar la luz del sol desde hace ya tres meses eternos. Nuestra supervivencia aquí está sumida, por lo tanto, en la más terrorífica oscuridad y nuestros pulmones perviven asfixiados en un aire rancio y viciado que acabará ahogándonos a todos para siempre. Lo presiento. El corazón me lo susurra al oído cada amanecer.  
            Tengo 12 años. El espacio con el que contamos entre unos niños y otros no es mayor de 20 centímetros, por cuya causa debemos permanecer amontonados, sin apenas sitio para poder girarnos. Antes de comenzar la tarea, los más pequeños han llorado con desconsuelo, como suele suceder a diario, ya que, al levantarnos tan temprano, tienen sueño y no poseen edad suficiente como para haber aprendido a disimularlo ni a soportarlo. Así que, también hoy, los vigilantes les han golpeado en las piernas con sus inseparables látigos, dejando sobre sus carnes la huella de una condena sangrienta. A pesar de lo cual, la mayor parte de las ocasiones lo único que consiguen es que los chiquillos lloren aún más y con mayor energía. Por eso, las primeras horas de cada jornada son terroríficas. Los quebrantos lastimeros son la orquesta de fondo que, finalmente, cesan a fuerza de golpes y más golpes.
            Trabajo en la factoría de Sou Xip, en la ciudad de Dongguan, al sur de China. Estoy obligada a cumplir una jornada laboral de 16 horas seguidas, con sólo una de descanso, para que los pedidos hechos por Europa y América estén listos en las próximas Navidades. En concreto, mi labor consiste en el montaje del nuevo modelo de muñeca llamado “baby alpinista”. He oído decir a mis jefes que los señores de occidente venden la muñeca a unos 40 euros y, al cambio, eso es lo que yo gano en todo un mes de duro esfuerzo, durante 7 días a la semana. Cuando los miembros de esta banda nos capturaron, nos trajeron engañados, haciéndonos creer que con un pequeño esfuerzo sacaríamos a nuestras familias de la pobreza. Sin embargo, 50 céntimos la hora y trabajando bajo amenazas no parece motivo suficiente como para estar satisfechos. Otros, como yo, fuimos secuestrados. Pero, adónde vamos a ir… Nuestras familias nos han dado por desaparecidos y además, ninguno de nosotros sabe cómo huir de aquí.       
            Estoy secuestrada en la misma fábrica donde trabajo. El alimento nos lo suministran nuestros propios jefes y consiste en un plato de arroz cocido y agua. Tanto a mí como a los otros niños, cerca de 400, que aquí nos concentramos, no nos está permitido salir de la factoría bajo ningún concepto, ni durante el día ni tampoco durante la noche. Debemos terminar la tarea que se nos ha encomendado para que en Diciembre ellos tengan listos sus juguetes.

            Ai Chiau era como un hermano para mí. Hace unas semanas, Ai Chiau, comenzó a llorar de manera enloquecida, sin que nada pudiera consolarlo ni contenerlo. Sus 6 años se encerraban en un cuerpecito pequeño, más de lo que era propio para su edad, lo cual despertaba en mi corazón una profunda ternura. Mugriento, mocoso y ennegrecido por la suciedad, laboraba junto a mí y su tarea consistía en encajar las cabezas a la “baby alpinista”, mientras yo le insertaba los brazos y las piernas. A veces, me sorprendía a mí misma mirándolo con detenimiento. En esos momentos, ardía en deseos de abrazarle y darle protección  junto a mí, para protegerle de tanto sufrimiento. Aquel día, sin embargo, cuando su llanto desbocado se hizo incontrolable, intenté consolarle acunándolo entre mis brazos. No obstante, todo fue inútil.  
            -¡Cállate, Ai Chiau o te golpearán y después quizás nos castiguen a todos! – Le dije sigilosamente con idea de que los vigilantes no lo oyeran.
            -Sí, cállate, nenaza estúpida o seré yo quien te golpee durante la noche hasta matarte. – Contestó otro muchacho cuya fama entre los niños era la de ser el chivato principal del área donde Ai Chiau y yo habíamos sido destinados.
            -No le digas eso o llorará más aún. – Le respondí con furia.
Ai Chiau gritaba y pataleaba desesperado, de modo que me era imposible contenerlo.
            -¡Silencio, pequeña montaña de mierda! ¡Cállate o no respondo! – Le advirtió amenazante el guardia, tras haber oído sus lamentos. Sin embargo, sus violentas recomendaciones no fueron tenidas en cuenta por el chiquillo, de modo que el vigilante jefe la emprendió a patadas y golpes contra él. Se ayudaba para ello de un látigo que usaba sin piedad sobre espalda, piernas, cabeza… Y, mientras maltrataba su pequeño cuerpo sin piedad, le profería todo tipo de insultos. Todos los demás mirábamos atemorizados, rogando al cielo entre temblores que aquel hombre no se revolviera también contra nosotros.
            Ai Chiau era la única familia que yo poseía en aquel terrible lugar. Ai Chiau murió dos días después de la brutal paliza. Sus ojitos rasgados estaban ocultos tras unos amoratados párpados que no permitían acceder a sus pupilas. Falleció llamando muy bajito, sin apenas energía, a su mamá. Ella lo había cedido a cambio de una oportunidad para que su niño trabajara y pudiera, al mismo tiempo, aportar a la familia un pequeño sueldo que les ayudara a subsistir en su enorme precariedad. Así como todas las demás, ante la ausencia de noticias, también su familia se habría resignado frente a su desaparición. Después de morir, mi hermanito fue llevado a un lugar desconocido de donde no regresaría jamás. Ai Chiau era la única familia que yo poseía en aquel terrible lugar.
            Quiero denunciar el asesinato de mi hermanito. Vivimos 30 niños hacinados en una habitación de 20 metros cuadrados, con un único retrete para todos. Nosotros mismos debemos hacernos cargo de limpiar la habitación en el tiempo de descanso y dormimos en el suelo desnudo. Aunque las condiciones de trabajo sean muy duras, no podemos protestar, es más, si lo hiciéramos, seríamos inmediatamente apaleados y llevados a un lugar oscuro, sin alimento, ni agua, durante días. Si alguno de nosotros cometiera un error, por desidia, descuido, o de modo ajeno a nuestra voluntad algo sale mal en la producción, se nos descuenta la mitad del sueldo y si el error es sumamente grave, entonces se nos golpea, una y otra vez, hasta perder la conciencia. Construir una “barby alpinista” lo más perfecta posible es nuestra única meta aquí. Antes de llegar a este lugar, sólo tuve ocasión de conocer un juguete, aunque, en verdad, nunca gocé de tiempo para poder jugar. Toda la ciudad de Dongguan está plagada de factorías que trabajan de manera muy competitiva entre ellas. Algunas, al igual que la mía, con empleados infantiles. Me hubiera gustado tener tiempo en mi vida para haber aprendido a jugar. Me dispongo a hacer todo lo posible para… Cuando comenzamos a trabajar aquí, estuvimos obligados a aprendernos unas 30 preguntas con sus correspondientes respuestas, por si un comisario venía y nos interrogaba respecto a las condiciones de nuestro empleo. El resumen de todas esas preguntas era subrayar, de manera expresa, lo inmejorable de nuestra situación. Nunca jamás había visto en todo este tiempo a ninguno de ellos, pero hoy se ha presentado uno aquí. La casualidad ha hecho que me llamaran a mí, escogida junto con otros 6 u 8 niños más. El interrogatorio ha girado, durante todo el tiempo, en torno a nuestras condiciones laborales. Solicitó nuestros carnés de identidad, que, por supuesto, habían sido falsificados, señalando una edad mayor de la que, en verdad, tenemos. Sin embargo, a pesar de nuestra apariencia, no se inmutó. Uno de los vigilantes se acercó, de repente, con un té, aromatizado con flores de jazmín, y unas pastas de aroma suculento, que atrajo nuestra pueril atención.
            - ¡Nos tienen secuestrados! ¡Son unos explotadores! ¡No confíe en sus mentiras! ¡Han asesinado a Ai Chiau!        
            Yo era Mitsuko, tenía 12 años y trabajaba en la factoría de Sou Xip, en la ciudad de Dongguan, al sur de China. Estaba secuestrada en la propia fábrica donde trabajaba. Ai Chiau era como un hermano para mí. Y quise denunciar su asesinato. Sin embargo, cuando me disponía a hacer todo lo posible para castigar al culpable, el vigilante me dejó ciega para siempre, derramando con vigorosa energía té hirviendo sobre mi cara y quemándome las corneas de los ojos, tras lo cual, pidió disculpas. Hizo creer a todos que había tropezado conmigo. Cuando el comisario se hubo marchado, convencido de no haber escuchado ni una sola siquiera de las súplicas que le dirigí, mi verdugo me apaleó hasta la muerte. También yo, fui llevada, igual que Ai Chiau, después de que me hubieran arrebatado la vida, a un lugar desconocido. No existe documento alguno donde figure mi muerte. Tampoco nadie lloró por mí. La memoria de mi tortura, no obstante, seguirá reproduciéndose una y otra vez en otros nombres, sobre otros rostros…

lunes, 11 de junio de 2012

* SONRISAS GRATIS


En el corazón de todos los inviernos vive una primavera palpitante y detrás de cada noche se acerca sigilosa una aurora sonriente. Al final lo que importa no son los años de vida, sino la vida contenida en esos años. Cuando, por la mañana temprano me paro a rescatar el susurro suave del viento sobre mi rostro, puedo distinguir las voces de los ecos con vuestros nombres que horadan el mundo en el que vivo, llenando de anhelos mi memoria. La distancia es una de las sensaciones más crueles que se ciernen sobre las personas, sobre todo cuando se trata de los seres más queridos. El tiempo de la vida es tan corto. Os quiero con todo mi corazón.