viernes, 24 de mayo de 2013

* DESPEDIDA DE OTRA GENERACIÓN DE ALUMNOS.

El lujo de la sencillez es un sentimiento muy difícil de explicar con palabras. Sin embargo, eso define para mí la experriencia de haber trabajado a lo largo de este curso con un ramillete de adolescentes preuniversitarios, junto a quienes he preparado la obra lorquiana LA CASA DE BERNARDA ALBA. Tras el estreno de hoy, siento que es uno de esos días en que vale la pena atravesar el sendero espinoso de las dificultades, para dejarse embaucar por la satisfacción plena y el orgullo de una juventud adormecida.

Muchachos y muchachas pletóricos de ilusiones por cumplir, de sueños que conquistar, de fantasmas que desenmascarar y de miedos que vencer, que solo necesitan una mano tendida de confianza, de esperanzada confianza. Una generación de jóvenes que lo único que necesita es una oportunidad para ser escuchada, ser entendida y ser considerada. Un grupo de chavales y chavalas que tiene sumo derecho a continuar creciendo, a equivocarse, a pedir excusas y a ser perdonados pero, sobre todo, a ser felices. No podemos robarles la posibilidad de que tansformen el mundo tan deteriorado que nosotros, sus adultos, les vamos a dejar para el relevo, porque ellos no son responsables de nuestras mezquindades, sino víctimas de tantas ambiciones, deshonestidades, mentiras, calumnias, incompetencias o ruindades.

Al fin y al cabo, ellos son los hijos que no pidieron nacer para vivir, pero a los que, una vez nacidos, debemos enseñar a no conformarse con sobrevivir.
Hoy, festividad de María Auxiliadora, rotundo éxito de LA CASA DE BERNARDA ALBA en nuestro colegio salesiano.
Antonio, Patricia, Azahara, Pilar, Isabel, Lourdes, Ana, Elisabeth, Antonia María, Cristina, Isa Muñoz, Isa Navarro, Lucía, María Belén ... Os llevaré siempre en el interior de mi corazón y el recuerdo de estos rostros juveniles que hoy se asoman a estas fotos seguirá presente para mí mientras viva. Hasta siempre, chicos.        

martes, 7 de mayo de 2013

* PALABRAS PARA EL AMIGO

Cuando se conoce el placer que otorga al espíritu el privilegio de la amistad verdadera, no existe tiempo malogrado o perdido esperando el retorno del amigo. Solo hay una dulce sensación de seguridad de que, al fin, regresarás a mí. Yo, por mi parte, te esperaré siempre con el corazón vestido de gala para celebrar el día en que nos conocimos. porque volver a estar juntos, reir, llorar a tu lado forma parte del modo en que quiero vivir el resto de mis días. Y es que no puedo vivir sin ti, y mi existencia no es la misma sin la presencia gozosa de tu nombre.

lunes, 6 de mayo de 2013

* AL AMPARO DE LO ESTOICO

Gabriel pensaba, a menudo, lo feliz que llegaría a ser cuando, por fin, consiguiera comprar aquel hermoso deportivo con el que tantas noches había soñado minutos antes de conciliar el sueño. Se imaginaba sentado sobre sus asientos de elegante piel oscura, conduciéndolo por las calles de la ciudad y, mientras las atravesaba, una nube tumultuosa de gentío se agolpaba en las esquinas para contemplar extasiados cómo su hermoso vehículo transitaba entre ellos con desdén. Para Gabriel la obtención de aquel automóvil significaba el final de toda una vida de esfuerzo y abnegación, al mismo tiempo que se tornaba en símbolo inequívoco de éxito y reconocimiento.
Al fin, su añoranza se hizo realidad. Sin embargo, un inconveniente añadido aparecía sin que él, en modo alguno, hubiese contado con ello: alguien podía robárselo. Por esa causa, con el coche llegaron las alarmas caras, las cocheras blindadas, los guardias de seguridad... Su congoja no era cuantificable, pero de haberlo sido hubiese estado en lo más alto de la escala de Ritcher. 
Gabriel se había devaluado hasta el extremo de centrar su felicidad en la obtención de un objeto externo, de modo que despreció todo cuanto interiormente podría haber llegado a conquistar. Concedió mayor importancia al tener que al ser, al coche que a la virtud, de modo que cuando el ladrón apareció, sorteando todos cuantos obstáculos él había dispuesto, le arrebató aquello en lo que se había convertido: la nada infinita. Al valorar en extremo algo que le podían quitar, se puso completamente en manos de quien acabó por quitárselo, dejando en nada el valor de su propia existencia.