martes, 25 de marzo de 2014

* EL VALOR DE LAS IDEAS

La existencia, con sus batallas, me ha enfrentado, a través de la experiencia, con los miedos, las limitaciones, las responsabilidades, la ira, la confusión, la angustia, el silencio, mi propia ignorancia... Y de todos esos grandes duelos he aprendido siempre, a veces, ganando la batalla; otras, teniendo que recoger del suelo uno a uno los despojos de mi propia calavera para recomponerme de nuevo.
Creo, no obstante, que el reto más interesante de mi vida ha sido la invitación que la propia sociedad me propone día a día: el reto de la superficialidad, de la intrascendencia. Para llegar a conquistar el ser humano al que aspiro, he tenido que ir descubriendo que la auténtica esencia del existir no reside en las cosas, sino en los vínculos que creamos, en las ideas que generamos, en las capacidades que desarrollamos... El consumismo, con su avaricia y egoísmo incondicionales, se nos presenta como una prueba cotidiana y la superación del sometimiento que nos impone es lo único que puede convertirme en verdaderamente libre. Ya lo decía Quevedo: "Solo el necio confunde valor con precio".