jueves, 3 de octubre de 2013

* NO PUEDO RENUNCIAR A TI

No puedo renunciar a las esposas,
Que arrastran mi desazón hasta tu cuerpo,
Ni tampoco a las ataduras,
Que succionan tus labios en mis senos.
No puedo renunciar a las cadenas,
Que me llevan cautiva hacia ese encuentro,
Ni tampoco a tus ligaduras,
Que ensangrentan y enquistan mis adentros.
No puedo renunciar a las mordazas,
Que aprisionan mi yo enmudeciendo,
Ni tampoco a tus lazaduras,
Que me dominan así: tal cual un perro.



4 comentarios:

  1. Conozco casos en los que se da este simil. Sí, como el perro a la mano del dueño. ¡Qué intenso, duro y quizás difícil de comprender! Pero pasa.

    ResponderEliminar
  2. Contratos de amor que exigen más de lo que otorgan, querida ORT.

    ResponderEliminar